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NARRACIONES CINEGÉTICAS
MAMPODRE, CUARTE DE VALDELUGUEROS
Ya me había dicho el Guarda cuando lo llamé desde casa que el único problema era que el tiempo no nos dejara cazar.
Llamé al Guarda y quedamos en que vendría a las ocho al bar del hostal. Puntuales, a esa hora se presentaron Martín, el Guarda Mayor, y Raúl, otro guarda más joven que nos acompañaría ya que Martín tenía una rodilla un poco fastidiada. Nos reconocimos como que nos habíamos visto esa tarde en la carretera y comenzamos a hablar de caza.
Ambos decían que el mayor problema era la niebla.
- Con agua se caza, decía Raúl, pero con niebla no se ven los rebecos que están altos y hoy no ha levantado la niebla hasta esta tarde.
Después de un agradable rato de charla, nos despedimos hasta las ocho de la mañana, hora a la que pasarían a recogerme con la esperanza de que el tiempo nos dejara cazar.
Como me pasa siempre, esa noche dormí despertándome a cada rato. Puse el despertador del móviel a las siete y cuando sonó me fui directo a la ventana. Chispeaba pero como era de noche todavía no se veía más; así que ducha, ropa de agua y me bajé a tomar un café, y esperar a los guardas. La animación en el bar era importante. Estaba la Guardia Civil y seis guardas que se iban a hacer un curso de caza a León, se ve que a esas horas era el sitio de reunión del pueblo.
Al rato llegaron mis guardas y en diez minuetos estábamos en marcha. Raúl y yo en un coche y Martín solo en otro. Salimos de noche y nos dirigimos al noroeste, hacia el puerto de San Isidro, donde hay una estación de esqui y muy cerca queda el límite con Asturias.
Empezó a amanecer y enseguida vimos que conforme subíamos de cota la niebla era más importante. La intención de Raúl era llegar a un alto e irnos andando por una cuerda hacie donde tenía visto un rebeco bastante bueno.
Cuando llegamos, la niebla deshizo completamente nuestros planes, no se veía nada e incluso si lo intetábamos por si habría un claro una vez en el sitio, podíamos espantar a los rebecos sin darnos cuenta.
Decidimos ir con los coches a zonas más bajas a ver si veíamos algo. Nos abrimos un poco conectados por la radio y con los prismáticos barrimos las laderas sin niebla con la esperanza de ver a los rebecos.
A las 11 de la mañana sin haber visto nada decidimos bajar al pueblo de Valdelugueros y tomar algo para después aprovechar el mediodía por si levantaba la niebla.Tomándonos unos huevos fritos con pimentón y charlando con los paisanos a la vista del tiempo y con las previsiones para los días siguientes yo me veía de vuelta a casa sin haber cazados y en aquel momento pensaba si me pasarían el permiso a otro momento o al año próximo.

Autor: Alfonso García Ferrer
Fecha: 1 de abril de 2006
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